La lengua y su aprendizaje



El conocimiento de la lengua, de nuestra lengua española o castellana en este caso, significa superar su uso pasivo, trascender la mera competencia que como hablantes nativos poseemos, para tratar de adquirir un uso instrumental más complejo, en primer lugar; para ensanchar nuestro conocimiento del mundo a medida que nos adentramos en su funcionamiento, en sus reglas (también en sus trampas), como meta última.

Es éste un proceso largo y fatigoso; tan largo que no termina nunca, como interminable es también el asombro que nos produce el descubrimiento de nuevas realidades o de nuevos conceptos. La lengua es la compañera esencial en esta aventura de conocer, de analizar o, simplemente, de nombrar. El castellano presumió en algún tiempo de ser compañero de la espada y de la cruz; nos enorgullece saber ahora que los únicos, necesarios compañeros, son los del análisis y el raciocinio. Nuestra lengua está presente en todas nuestras operaciones mentales, en cada unos de los nuevos matices con que enriquecemos nuestra concepción del mundo y de la vida. Un conocimiento simple de la lengua supone un conocimiento simple del mundo; el conocimiento simplista (si es que se puede llamar conocimiento) de eso que llamamos realidad es también manejo simplista de la lengua.

En la consecución de este objetivo permanente hay una exigencia también permanente de esfuerzo y de atención. Como dice el viejo proverbio (italiano, tal vez) “si algo te parece fácil, es que no lo has entendido”.

Como profesionales de la lengua (o con esa aspiración, al menos) tenemos ante nosotros diversos caminos para llegar a este objetivo. Nos toca en esta página reflexionar sobre uno de ellos: el del conocimiento teórico, indispensable para conocer sus mecanismos, su funcionamiento. Las lenguas son extraños códigos: a veces nos parecen muy ricos y, otras, nos desconciertan con su aparente escasez de recursos. A medida que nos adentremos en sus vericuetos descubriremos matices y precisiones antes no sospechados y también ambigüedades que nos obligarán a la precisión exigente, a la convención continua, al esfuerzo por comprender y por hacer posible la comunicación.

Ésta es la razón de ser de la presente página. Espero que pueda ser útil a quienes la consulten (alumnos, fundamentalmente). Bienvenidos todos.