Morfología
Algunos principios teóricos previos
1.1 Hay que pensar en primer lugar que existen diversas aproximaciones a este objeto de estudio que es la gramática; aproximaciones que tienen que ver con aspectos abordados en temas anteriores, según los cuales podemos aproximarnos a la lengua considerada como un sistema de conocimiento y también, obviamente, como un sistema de comunicación. En el primer caso nos acercamos a planteamientos propios de los sistemas cognitivos y, en el segundo, más específicamente como sistema de comunicación. De acuerdo con esto, gran parte de lo que digamos de morfología y sintaxis tendrá en cuenta dichos planteamientos. Tratemos de no perder de vista ambas perspectivas, es decir la idea de que el lenguaje es un sistema cognitivo, pero también, y a la vez, es un sistema de procesamiento de información, con una dimensión comunicativa evidente que, en este caso específico del análisis morfológico, aparece en un segundo plano.
Este planteamiento puede relacionarse con los conceptos, ya vistos, de competencia y actuación. En un sentido categórico, diacrítico, la competencia es un dominio de explicación que tiene en cuenta fundamentalmente los principios, las estructuras y las reglas que forman parte de nuestro sistema cognitivo y de procesamiento de la información a través del uso de los códigos-lengua que concretan esa capacidad abstracta que conocemos como lenguaje; la actuación, por el contrario, se sitúa en otro nivel de análisis en el que prevalece fundamentalmente el uso del lenguaje; puesto que el interés se centra, en este momento preciso, en el sistema cognitivo y de procesamiento de la información, el nivel de la competencia, se obviarán las cuestiones relacionadas con el uso del lenguaje al menos en un primer momento.
Dicho esto, cuando nos enfrentamos a la gramática, es decir, cuando nos enfrentamos al componente morfológico y sintáctico, se nos plantea una serie de problemas preliminares que, conforme a la perspectiva que tomemos, debemos al menos enunciar. El primero de ellos es considerar el diseño de la facultad lingüística que asumen o que postulan las teorías del lenguaje de tipo cognitivo, que hacen hincapié en el lenguaje como sistema de procesamiento de la información; es decir, hay un problema acerca de cómo se entiende la facultad del lenguaje y de cómo ese problema incide en una determinada concepción de la morfología y de la sintaxis. El segundo está relacionado directamente con la morfología: es la consideración de si la morfología es o no es un componente de la facultad del lenguaje que tiene las propiedades de los sistemas de procesamiento de la información, igual en naturaleza a la sintaxis, a la fonología o a la semántica.
El sistema lingüístico (como sistema cognitivo y como sistema de procesamiento de información) se puede entender como un sistema con distintos componentes. Un componente esencial es el que tiene que ver con los sonidos del lenguaje (fonología); otro tiene que ver con los significados (semántica). Forma y significado constituyen el binomio fundamental de toda teoría lingüística, es decir, el estudio de las oraciones, las palabras, los morfemas... Constan de esas dos realidades: la forma fonológica y un significado asociado a esa forma fonológica. Además de la fonología y de la semántica existe otro componente al que llamamos gramática, cuya finalidad esencial es emparejar correctamente las formas fonológicas y las formas semánticas; entendida la gramática desde esta perspectiva, parece claro que se constituye en el componente nuclear o fundamental del lenguaje.
Debemos determinar además si la gramática es un todo homogéneo o si consta de dos partes (morfología y sintaxis); si así fuera, deberíamos determinar también si la morfología y la sintaxis tienen una naturaleza parecida desde el punto de vista de los sistemas cognitivos. Con este simple criterio, sin embargo, no hemos agotado las posibilidades de análisis del sistema lingüístico, pues los sistemas de procesamiento de la información tienen distintos componentes: unos que, en términos coloquiales, hacen cosas -procesadores, que, a través de operaciones computacionales, realizan tareas-; otros que constituyen las bases de datos -sistemas que contienen los principios o los elementos con los que operan los procesadores. Así pues, desde esta perspectiva tanto la fonología como la semántica o la gramática misma son procesadores que hacen cosas; ahora bien, si un sistema de procesamiento de la información tiene también bases de datos, debemos pensar que existen bases de datos en el sistema lingüístico. En relación con la morfología esta apreciación es particularmente interesante: todo el mundo sabe que existe algo que llamamos diccionario o léxico que contiene las palabras; la pregunta inmediata, por tanto, que podemos formularnos es la de si el léxico es un componente del diseño del sistema lingüístico; y, si conviniéramos que lo es, de qué se ocupa.
Para tratar de responder a estas preguntas y para tratar de englobar, en una perspectiva unitaria, los puntos de vista propuestos, tratemos, en primer lugar, de acercarnos a una definición de morfología y tratemos también de ver de qué se ocupa. La respuesta más sencilla sería la que afirma que la morfología trata de la forma interna de las palabras, de la estructura de las palabras. Esta es una propuesta de definición ampliamente aceptada, que plantea, sin embargo, la cuestión pendiente de su solapamiento con el concepto de léxico o de diccionario elemental; porque el diccionario elemental contiene palabras y, consecuentemente, podríamos convenir que la morfología está dentro del léxico. Razones hay también, como es lógico, para considerarla dentro de la gramática.
1.2 Para comprender qué tipo de problemas tratamos de analizar y para averiguar cuál es la competencia morfológica que como hablantes poseemos, tomemos dos palabras absolutamente inventadas como, por ejemplo, aular y cóncalo; el objetivo de este juego es comprobar que todo hablante de español puede enfrentarse a la creación de palabras, a los procesos fundamentales de la morfología, que domina los conocimientos necesarios para enfrentarse a ellos; lo mismo sucede con los procesos de creación léxica.
Si convenimos que aular significa "comprobar los conocimientos de anatomía", por ejemplo, aulamiento será "acción de aular ” y aulador será "persona que comprueba los conocimientos de anatomía"; una palabra como aulito, sin embargo, no es posible porque –ito es un sufijo propio del diminutivo y los diminutivos sólo pueden formarse desde sustantivos y adjetivos. Si cóncalo significara "persona sin dos dedos de frente", comportarse como un cóncalo podría ser concalear; el "dicho o hecho de un cóncalo " sería una concalada o una concalez. Fundamentalmente, por tanto, desde esta perspectiva el estudio de la morfología y de la sintaxis tiene que ver con hacer visibles los conocimientos que como hablantes tenemos acerca de los procesos morfológicos y sintácticos. Tratemos de ver, por tanto cuáles son los principios que rigen la formación del léxico, la creación de las palabras, y cuáles son los principios que rigen la formación de las oraciones o de los enunciados; eso está relacionado con nuestra competencia lingüística, consiste simplemente en hacer evidente lo que inconscientemente sabemos.
Completemos, pues, la definición de morfología que hemos visto anteriormente, una vez analizado todo esto. Podríamos decir que la morfología trata de explicar, por un lado, cuál es la estructura interna de la palabra; por otro, cuál es la relación formal que existe entre las palabras de la lengua y los principios que rigen la formación de nuevas palabras. Esta definición implica la idea de que la morfología hace cosas (tiene principios sobre los que operan ciertos procesos de creación del léxico). Ahora bien, una idea de los procesadores en el diseño de los sistemas de procesamiento de la información es que los procesadores o los componentes que hacen cosas en el diseño de un sistema de procesamiento de la información se rigen por principios bien definidos y claramente estructurados y con una variabilidad mínima (es decir, con una posibilidad de irregularidades muy restringida).
Esta propiedad de los sistemas de procesamiento de la información hace que volvamos a plantearnos si la morfología cumple con este requisito o si, por el contrario, no lo cumple. Si observamos de una manera intuitiva los datos que nos aportan los distintos procesos cognitivos, veremos que existen diferencias notables entre los dos principales aspectos de la morfología: entre la flexión (es decir, los procesos flexivos) y la derivación y composición (los procesos derivativos y de composición).
Los procesos flexivos, procesos que añaden la información morfológica a la palabra (género, número, tiempo, aspecto, modo, persona...), se caracterizan por ser procesos obligatorios, automáticos y completamente regulados (existe al respecto un conjunto de reglas sin excepciones). Por el contrario, los procesos derivativos y compositivos, en principio, no parecen ajustarse completamente a estos criterios de automatismo, obligatoriedad y regularidad. Dado que son precisamente los procesos derivativos y compositivos los que se aplican para crear nuevas formas léxicas, nos interesará especialmente comprobar si este hecho constituye un impedimento para nuestra consideración de la morfología como un procesador más de la facultad lingüística, capaz de adscribirse a ese componente formal y nuclear que es la gramática.
1.3 Como acabamos de ver, dentro de los procesos morfológicos, la flexión, por un lado, y la derivación y la composición, por el otro, no son operaciones equivalentes. La flexión está completamente regulada (regularidad que se apoya en el hecho de que una de sus propiedades es la de ser una operación automática y obligatoria); consecuentemente, en sus aplicaciones, su productividad no tiene límites (es irrestricta). La derivación y la composición no se comportan así, como también acabamos de ver. Hay una serie de ejemplos que pueden mostrarnos esa idea de que la derivación no es regular. El primero tiene que ver con el hecho de que no todos los morfemas derivativos se aplican sobre las mismas bases: por ejemplo, el morfema -ción es un sufijo que forma nombres a partir de verbos; pero, mientras hay verbos que pueden tomar este sufijo (saludar/salutación), hay otros verbos que no lo permiten (lavar no permite " lavación ", por ejemplo). Para conseguir una nominalización en este caso hay que formar un derivado con el morfema de participio, con lo que se obtiene lavado; es decir, el morfema -ción ilustra la irregularidad de la formación de sustantivos verbales porque sólo puede aplicarse a determinadas fases y no a otras.
Lo mismo podemos observar en otros casos. Por ejemplo: cuando añadimos un morfema flexivo (género, número, tiempo...) a una base léxica, la unión resultante posee un significado único (los morfemas flexivos añaden la información gramatical a la base léxica); sin embargo al aplicar un sufijo en un proceso derivativo sucede que podemos obtener distintos significados. Observemos qué ocurre con el sufijo –or: puede proporcionar el significado de sujeto de la acción del verbo (de pintar, pintor; de regir, regidor; de cantar, cantor, etc.) y también puede significar la acción del verbo (de temer, temor; de oler, olor; de hervir, hervor, etc.). El mismo sufijo no añade el mismo significado a la base léxica.
La conclusión a la que podemos llegar es que la información semántica que aportan los morfemas flexivos a la bases léxicas en los procesos de derivación no son semánticamente equivalentes (su funcionamiento sintáctico puede ser también distinto); por lo tanto, de nuevo podemos tener la impresión de que la morfología desarrolla caminos irregulares; es difícil predecir cuál será el significado de un morfema duda que no se nos plantea en las operaciones de flexión.
Otro dato que ilustra esta irregularidad de los procesos derivativos está relacionado con la idea de que una misma forma derivada puede tener varios significados (la palabra entrada significa acción de entrar en alguna parte, billete, espacio por donde se entra a alguna parte, falta en el terreno de juego, etc., etc.). Otro caso que puede ilustrar este problema que planteamos es la idea de que determinadas piezas léxicas parecen requerir determinados sufijos y no otros: de desencantar, por ejemplo, formamos desencanto y no desencantismo. La explicación de estas preferencias excede a la regla es, diríamos, caprichosa. Con esta observación queda abierta de nuevo la pregunta sobre la sistematización de la morfología, sobre su posible capacidad de formalización; la idea de sistematicidad se opone a la de irregularidad, en el sentido de que difícilmente los procesos irregulares pueden obedecer a leyes precisas o sistemáticas.
1.4 El juicio, sin embargo, no es tan simple: también se puede argumentar en el sentido contrario. Veamos, por tanto, algunos argumentos que muestran que la morfología sí es sistemática. El primero de ellas tiene que ver con el hecho de que los hablantes pueden interpretar cualquier nuevo derivado desde su conciencia de que existe en el léxico otra palabra con la que esa palabra nueva está relacionada o emparentada. Es fácil que cualquier hablante señale cuál es la palabra primitiva desde la que se ha formado la nueva, y también es fácil que descubra qué cambio sintáctico manifiesta.
Otro dato que apoya la idea de que la morfología es sistemática es que las características sintácticas de una palabra derivada son conocidas de antemano. Por ejemplo: si una palabra termina con el sufijo -or (como en aguador), sabemos que ese morfema expresa la idea de agente y, como consecuencia, sabemos que no puede aparecer un sintagma proposicional con el mismo valor de agente. No puede decirse, por ejemplo, el inventor de la rueda por el hombre prehistórico porque inventor tiene carácter de agente y por el hombre prehistórico es un complemento de agente. En este caso sí podemos hablar de sistematicidad, porque siempre se produce la misma imposibilidad; es decir, en este caso la morfología sí parece comportarse de manera sistemática.
También podemos hablar de sistematicidad en la formación de las palabras a través de las reglas de derivación. Esta derivación no es caprichosa o aleatoria sino que sigue un riguroso orden en la concatenación de los diversos formantes de la nueva palabra. No se puede decir blelegi, sino legible; estimardes, sino desestimar; industriazalición, sino industrialización. Para estas derivaciones es necesario seguir determinadas pautas, partir de unos principios determinados, hecho absolutamente sistemático.
1.5 En cuanto a la estructura de la palabra, la morfología debe explicar también por qué razón algunas palabras no son posibles (por ejemplo, por qué no es posible aplicar el sufijo -ción a la palabra mesa, algo relacionado con las restricciones mencionadas). La morfología debe explicar además por qué las palabras tienen un significado y no otro (por ejemplo, por qué renegar significa negar con insistencia, y no significa, volver a negar). Para que esta cuestión del significado pueda dirimirse desde el punto de vista de la morfología, hay que hallar una solución en términos de estructura a este constituyente complejo. Una solución, o al menos alguna explicación, que trate de aunar léxico y proceso morfológico.
