Análisis semántico-intensional de «Tormento»
Aplicación de un modelo de análisis de la Gramática Textual
(Publicado en Actas del Congreso Internacional Centenario de Fortunata y Jacinta. Universidad Complutense, 1989)
Es obvio que un texto literario puede ser analizado desde perspectivas diversas. Visto, por ejemplo, desde una óptica semiótica, habremos de considerarlo en su vertiente extensional y, por tanto, de relación pragmática con el lector y con el complejo «corpus» de su experiencia y de su conocimiento del mundo; enfocado desde los presupuestos de la teoría del texto descubriremos en él una base inicial lógico-semántica que se manifestará después en una estructura léxica linear. Mi propósito en este trabajo es el de situar la novela de Pérez Galdós, Tormento (Alianza, 1968) en la perspectiva de análisis de la teoría de la gramática textual, desarrollando casi exclusivamente, aunque no siempre sea fácil separarlas, su vertiente intensional.
Para ello fijaré los siguientes objetivos como puntos fundamentales de desarrollo:
i) la definición del texto y la pertinencia de aplicar dicho término a la novela indicada.
ii) demostrar que este supuesto texto puede dividirse en unidades menores que superan las unidades frasales.
iii) definir las proposiciones de base y comprobar si alguna de las unidades de superficie se convierte en eje portante o receptor de esa base lógico-semántica subyacente.
iv) determinar el grado de coherencia textual y los elementos semánticos que la definen.
v) determinar los diversos estadios de formación y transformación semántica del texto según los modelos y las reglas de la gramática textual.
Admitimos sin dificultad que el significado de una oración no es igual a la suma de los significados de las unidades que la integran, es decir, admitimos que esas unidades -las palabras- tienen significado, mientras que una oración puede ser o no ser significativa; o que las palabras tienen un significado léxico y en la oración pueden aparecer de manera difusa los tipos de componentes que para el significado señala Jackendoff (1983) [1]. Siguiendo en esta línea, a pesar de que los postulados teóricos de la gramática textual difícilmente se aventuran a sobrepasar los límites de la oración, aparece claro que el significado de los que de manera más o menos precisa conocemos como «texto unitario» difiere o puede diferir de los significados de sus diversos componentes o, si se prefiere, «planos». De ahí que debamos considerar de suma importancia la organización y el engarce de los mismos, como si en un nivel superior, pudieran equipararse a las operaciones representables de que consta el significado léxico (J. Garrido, 1987) [2].
El texto total aspira a su definitiva conformación mediante las sucesivas operaciones de oposición, redundancia, intersección, etc., de sus partes; éstas son perfectamente aislables y susceptibles de tipificación, cada una de ellas aporta su propio grado de información, la justa dosis de progreso informativo, según la intención del autor y su propio parámetro de funcionalidad dentro del proceso narrativo, merced a las operaciones de predicación del propio tema y, también, a la cooperación del lector. Sería, por tanto, el resultado final de desarrollo de macrocomponente textual, «una estructura mínima de representación sintáctico-semántica» (A. García Berrio y Vera Luján, 1977, p. 185) [3], y que en este caso podría materializarse (puede avanzarse ya la hipótesis) en el significado del título mismo de la obra Tormento. A partir del mismo entrarían en juego todas las reglas de transformación macroestructural que, como es sabido, observan un paralelismo declarado con las de la gramática generativo-transformacional.
Podrá argumentarse, y no sin razón, que precisamente el antes mencionado aspecto de la organización, composición, etc., es el campo de aplicación tradicional de la retórica y de la estilística. En efecto, (el mismo Chomsky recurre en la elaboración de su teoría a la gramática de Port-Royal e incluso a El Brocense y a Huarte de San Juan) la teoría de la gramática textual debe reconocer su deuda con dichas disciplinas, no sólo por lo que a objetivos concierne sino también, con frecuencia, como «inspiración metodológica».
Digamos, no obstante, que los intentos de análisis del texto a través de esta vía van encaminados a la formalización de un modelo aplicable «objetivamente» a cualquier tipo de texto a través de un código metodológico que supere ciertos límites de impresionismo y de subjetivismo de no siempre indudable eficacia.
Aunque fue Coseriu (1967) [4] el primero en sugerir la necesidad de una teoría del texto y, por tanto, un acercamiento al concepto mismo de «texto», es obligado observar la profundización que del mismo lleva a cabo Schmidt (1973) [5], cuando introduce la dicotomía «textualidad-texto». El primer término de la oposición sería la estructura de las acciones sociocomunicativas en las que, naturalmente, se incluye el lenguaje, que tiene lugar, por tanto, entre interlocutores. Los textos, en cambio, serían las realizaciones concretas de esa estructura «textualidad», en un modelo claramente saussuriano. Es importante destacar el aspecto comunicativo que necesitan esos conjuntos de signos lingüísticos para ser considerados como textos. «Textos-en-función» los llama Schmidt (1973, p. 148) [6], de manera que no pueden existir como categorías lingüísticas abstractas, sino dependientes de su elaboración y de su recepción. Si seguimos por esta línea, podremos afirmar que la esencialidad del texto está constituida por la mera funcionalidad comunicativa sin que sea necesaria la presencia de elemento verbal alguno; frente a la radicalidad de una afirmación como ésta, existen algunas tendencias que, basándose en la potencialidad ilocutiva del acto de habla (Austin, 1962) [7] reconocen como secundarias en el texto, pero si necesarias, las funciones estrictamente gramaticales, aunque aboguen por la construcción de un modelo de texto «extragramatical». Este camino, sin embargo, nos conduciría a consideraciones de semántica extensional y de pragmática que, como más arriba he indicado, desbordarían los límites de estas páginas.
El hecho aceptado y que podría, por tanto, servir como definición de «texto» es el de un elemento verbal en actitud comunicativa, que realiza todo su potencial ilocutivo y que posee una orientación temática. En el caso de Tormento es evidente que estamos ante un texto en su sentido más estrictamente lingüístico en cuanto que el mero hecho de configurarse como «producto» literario, incluso al margen de la voluntad de su autor, e introducirse en un mercado de distribución y consumo, encierra una manifiesta intención comunicativa y cumple a la perfección con todo su potencial ilocutivo.
Anteriormente me he referido al paralelismo existente entre construcción de un modelo de análisis textual y reglas de transformación
de la gramática generativa. En efecto, podríamos hablar de expansión del modelo generativo y ello es evidente en la distinción propuesta por van Dijk (1972) [8] y generalmente aceptada, de analizar el texto a partir de una estructura de superficie y de una estructura profunda textual. Por ello Schmidt hablará de «formulario de texto» como «la porción verbalmente ordenada de constituyentes en la estructura temática profunda del texto, y debe considerarse como un concepto lingüísticamente metaverbal» [9]. Cabe, pues, aceptar la existencia de un macrocomponente (estructura profunda textual) y de un microcomponente (estructura superficial), y así parece también admitido Umberto Eco (1979) [10] cuando se refiere al texto como la expansión de un semema que sería, por tanto, un texto virtual, embrión de ese texto linear de superficie. Otras razones pueden aducirse para afirmar la existencia de esta división, como la de las anáforas semánticas (Dressler, 1974) [11], la relación entre título y discurso escrito (aunque ésta estaría ligada más bien al concepto de «coherencia», fundamental para la admisión de un texto literario como unidad), etc. También se ha hablado de texto «émico» y de texto «ético», en terminología de Pike [12], siendo potencial el primero y final, en superficie, el segundo. En cualquier caso, está claro que, desde la perspectiva textual, se trata de estructurar, desde el comienzo, un principio semántico y comprobar sus relaciones o proyecciones en las estructuras superficiales [13].
A partir de estos presupuestos teóricos podemos preguntamos ahora por la diferencia entre texto y simple sucesión de frases, puesto que también ésta está constituida por unidades lingüísticas y puede aparecer en función pragmática; y también hemos de preguntamos por la extensión del texto, si es que ésta puede ser condición necesaria. En cuanto a la segunda pregunta, está claro que «el texto, como unidad teórica, no tiene una extensión prefijada» [14] puede ser el aviso de «los jueves, paella» o «Tormento», por D. Benito Pérez Galdós. En cuanto a lo que diferencia un texto de una simple sucesión de frases, debemos hablar de las propiedades de «coherencia» o la que propone van Dijk de «relevancia».
Si las partes de un texto son «relevantes» determinan la cohesión del mismo, y son relevantes si el referente de cada uno de ellos se vincula de algún modo, semánticamente, con la macroestructura. Estas vinculaciones generalmente son de «posibilidad», «probabilidad» y «necesidad», pero podríamos añadir las de «recurrencia» que, mediante la inclusión de elementos comunes en unidades distintas del texto, establecen relaciones de «coherencia» entre las mismas; y también, aunque más difíciles de analizar en un texto «largo» como Tormento, vinculaciones de «modalidad», es decir, temporales.
El problema que se nos plantea, al referimos a la novela galdosiana no es ya, por tanto, el de su pertinencia como texto, sino el de desentrañar su basemacroestructura de contenido lógico-semántica e intentar pasar de la localización intuitiva del «tópico» a la formulación explícita de dicha noción pues, en palabras de van Dijk, «un concepto o una estructura conceptual puede convertirse en tópico de discurso si organiza jerárquica-mente la estructura conceptual (proposicional) de la secuencia» [15].
Al hablar de «tópico», convendría mencionar brevemente las propuestas teóricas, en este mismo sentido, que hacen referencia a las parejas «argumento/comento» [16], «tema/rema» [17] o «tópico/comento» [18] que nos conducen irremisiblemente a la más tradicional de «sujeto/predicado», a pesar de que Chomsky, desde su perspectiva sintáctica, sugiera que no tienen por qué coincidir [19]. No conviene que nos adentremos en un análisis de estos postulados, dado que nuestro objeto de aplicación es una novela y las experimentaciones que con los mismos se hacen, no suelen sobrepasar los límites de la oración, pero sí me serviré del concepto de «tópico» como más arriba he perfilado. Partimos del título mismo del texto, y de los significados que en «tormento», en sentido figurado, ofrece el diccionario de la R.A.E.: 1) «congoja, angustia o aflicción del ánimo»; 2) «especie o sujeto que la ocasiona». Si los organizamos en una estructura conceptual, proposicional, como sugería van Dijk, los tópicos o la serie tópica o la topicalización constitutiva a la base macroestructural de Tormento sería como sigue:
Amparo Sánchez Emperador provoca congoja, aflicción (tormento) en:
i) Amparo que es sujeto y objeto de su propio sentimiento de culpa y de engaño.
ii) Pedro Polo, puesto que es el sujeto desencadenante de su crisis vital y religiosa, y de sus celos amorosos.
iii) Agustín Caballero, pues el es sujeto productor de sus celos amorosos y de su crisis de adaptación social.
iv) Rosalía, la de Bringas; se constituye en sujeto/objeto de su envidia.
Pedro Polo provoca tormento en:
i) Pedro Polo, sujeto y objeto de su propia crisis.
ii) Amparo: temores y conciencia de culpa.
Agustín Caballero provoca tormento en:
i) Agustín Caballero: choque con los principios ideológicos y sociales establecidos.
ii) Amparo: temor a herir sus sentimientos y de perder su incipiente y nuevo «estatus» social.
Rosalía, la de Bringas, provoca tormento en:
i) Rosalía: sujeto/objeto de su propia envidia.
ii) Amparo: sujeto generador de su envidia y objeto de su desprecio.
Existe, pues, un conjunto tópico, una proposición nuclear en la que se integra gradualmente una serie de subtópicos (celos, crisis ideológica, envidia, etc.) perfectamente vinculados. En esta dinámica de semántica textual aparece claro que el personaje «Amparo» es el único que establece relaciones de topicalización y subtopicalización con los demás personajes; es, pues, agente y paciente principal de todo el conjunto tópico. El autor lo respalda explícitamente con la identificación de los dos nombres, avanzado ya el texto, Amparo/Tormento.
La coherencia, cohesión semántica o relevancia está conseguida mediante la inclusión progresiva de los elementos de topicalización señalados, cuyos personajes observan una estricta relación de coherencia; y el tópico textual, en su forma más sintética y explícita, que es la del título mismo de la novela, se desgrana, por recurrencia, en las distintas unidades del texto concebido como globalidad.
Llegados a este punto, sin embargo, conviene no olvidar que en la base de todo el procedimiento de explicitación de las proposiciones semánticas de la macroestructura, hemos procedido mediante un proceso intuitivo que puede conectarse con la dimensión extensional del análisis, y que, en realidad, en la configuración final del texto, tal como llega al lector, hay una elevada suma de unidades lingüísticas de las que, naturalmente, se deducen las citadas proposiciones pero que es necesario analizar con un mínimo de rigor para que la raíz «intuitiva» de todo el procedimiento tenga alguna validez. Este es, sin duda, el apartado más controvertido y problemático de toda construcción de un modelo de análisis textual y las experiencias realizadas hasta ahora se limitan a textos de mesuradísima extensión [20]. Por tanto, intentaré demostrar que el texto Tormento se puede dividir en precisas unidades lingüísticas de superficie y que hay una categoría de ellas que, fundamentalmente y con las transformaciones que el proceso mismo comporta, es la receptora de las proposiciones semánticas de base.
Se puede hablar de texto novelístico como zona de rupturas [21] pues, si fuera un «continuum» narrativo, no sería posible delimitar los signos que le hacen significativo. Una división elemental sería, por ejemplo, la que el propio autor efectúa al dividir su obra en capítulos. En el presente caso he procedido a aislar todas las porciones de la linearidad textual de superficie que integran lo que podríamos denominar el «plano del pensamiento directo». La cuestión no es sencilla, puesto que es enormemente arriesgado deslindar, por ejemplo, diálogo y pensamiento o componentes de pensamiento en determinadas acciones. Igualmente complejo sería abordar la expresión del pensamiento indirecto, las voluntarias o involuntarias ambigüedades, entre autor y personaje, las proyecciones, etc., como estudia, por ejemplo Booth [22]. Me he limitado, por tanto, a efectuar una especie de vaciado del pensamiento directo siguiendo una metodología estrictamente tagmémica [23], es decir, limitándome a señalar unidades perfectamente aislables en cuanto que ocupan en el texto un espacio entrecomillado. Son, pues, unidades lingüísticas diferenciadas de superficie.
Si el héroe desarrolla una peculiar línea de comportamiento o de introspección, en una suerte de imagen «booleana» [24] de esa totalidad narrativa, el nivel del pensamiento permanece anclado en la misma y es el hito más evidente de su propia sicología. Si dicho plano recibe un significado, encierra un indudable esquema cognoscitivo del entornos, del propio personaje y de todos sus referentes; y si actúa como unidad básica de la hipotética oración formada por toda la linearidad textual, habrá de ser necesariamente reflejo de todas las proposiciones macroestructurales. Ello hará que nos enfrentemos a toda la cuestión semántica de las correspondencias y reglas de transformación presentes en todo el proceso de análisis textual.
De este modo, una elemental ecuación para la descripción del texto podría ser la siguiente:
BD+c(SD)+p(p.p.p...)1+ BD+p(p.p.p...)n
donde el bloque descriptivo (BD) está seguido por un sistema dialogal (SD), previa presencia de un conector (c), que suele resolverse en los consabidos «dijo», «añadió», «exclamó», etc., y por un plano de pensamiento directo (p.p.p...) introducido por un nuevo, llamémosle «vector» (p) que se resuelve en «pensó» y rara vez en «dijo para sus adentros» o «he aquí su pensamiento». Tomemos un breve ejemplo de la página 222:
- No. por Dios; no llames a nadie. Mira. hazme el favor de traerme un vasito de agua
- Al momento.
El breve rato que Felipe estuvo fuera Amparo esparció sus miradas por la lujosa habitación en que se hallaba. «Aquí... iba yo a vivir -pensó-o (...) aquí dijeron que vivía yo... Pues aquí quiero que se acabe mi vida».
que se podría transcribir como SD+ BD+(p.p.p.)+c(SD).
En Tormento los fragmentos de texto entrecomillados, como expresión de pensamiento directo son treinta y dos. De ellos, la mayoría corresponde al personaje de Amparo y sólo uno al de Rosalía; siete a Agustín Caballero y también uno a Pedro Polo. Con ello parece clara la jerarquización establecida por Galdós a la vez que se puede inducir las proposiciones semánticas que antes he señalado. Es de notar que no todos tienen la misma extensión: a Amparo se le asignan dos fragmentos de considerable duración (uno en las pp. 78 y 79 [25], el único expresado en «estilo indirecto» y el otro en las pp. 167-68). A Agustín, uno, extenso (pp. 56-60) y tres de duración inferior (pp. 133-34, 243-44, 248-49). A Rosalía, dos, seguidos, de extensión media (pp. 41 y 42). Todos los demás son breves e incluso brevísimos. Me estoy refiriendo a fragmentos «extensos» y «breves» consciente del aparente escaso rigor que encierran semejantes términos; creo, sin embargo, que el inicial planteamiento de división por criterios tagmémicos autoriza esta categorización.
Sobre la base de estos elementos se debería demostrar que la función de las unidades breves es la de mantener la cohesión con el resto de las que están en superficie. Es evidente que sería preferible proceder a aislar todas las unidades, pero también lo es que esta labor, exhaustiva y prolija, excede los límites de este análisis. Sí podemos comprobar que, seleccionadas éstas, su colocación y significado observan un tipo de conexiones que son las que van Dijk [26] señala cuando habla de proposiciones semánticamente conectadas y de conectivos sintácticos.
La cohesión de la estructura linear de superficie está ofrecida, por tanto, por la primera (pp. 55-60) y por la última de ellas (pp. 248-49), ambas correspondientes al personaje de Agustín. Hay una anterior, asignada al personaje de Rosalía (pp. 41-42), pero podemos afirmar que no interviene en la dinámica narrativa que se establece entre las dos anteriores, que comprenden las unidades correspondientes al personaje de Amparo, todas breves menos una al principio (pp. 78-79) y otra al final (pp. 212-13), y las del propio Agustín.
Si observamos detenidamente su contenido semántico, deduciremos que forma la «historia de una decisión»; y, al emplear el término «historia», lo hago consciente del sentido de coherencia y de progresión que el mismo conlleva. Es decir, las decisiones inicial y final de Agustín, modificada la última por las sucesivas variantes de «duda» en un sencillo procedimiento semántico reductible al esquema «tema/rema» o «sujeto/predicado», están unidas por las decisiones de Amparo que, a su vez, suman otros predicados semánticos como son los de «duda», «remordimiento», «miedo», «desengaño», etc. El esquema puede ser el siguiente: (el número indica la página en la edición utilizada)
Agustín 56-60: decisión (matrimonio)
Agustín 122: decisión (declaración amorosa)
Agustín 230: autorreproche
Agustín 235: decisión (violación de normas sociales)
Agustín 243-44: decisión (violación de normas sociales)
Agustín 248-49: decisión (amancebamiento)
Amparo 107: decisión (acabar con P. Polo)
Amparo 145: decisión/duda
Amparo 146: duda
Amparo 148: duda/remordimiento
Amparo 149: decisión
Amparo 152: decisión/alivio
Amparo 154: decisión (confesarse a Agustín)
Amparo 158: decisión/duda
Amparo 163: reflexión social
Amparo 167: duda/miedo
Amparo 172: miedo
Amparo 177: decisión (suicidio)
Amparo 185: duda/miedo
Amparo 193: decisión/certeza/duda (vencer a P. Polo)
Amparo 212 y 213: deseo de muerte/desengaño
Amparo 216 y 222: decisión (suicidio)
Es evidente, por tanto, que existe una coherencia textual, puesto que las diferentes unidades examinadas observan unas relaciones semánticas que suelen ser, en casi todos los casos, de conjunción, inclusión o recurrencia.
Aunque estas categorías, tomadas de los procedimientos de conexión lógica, van Dijk [27] las aplica a proposiciones frasales, creo que tienen una aplicación válida en el caso de Tormento.
El último de los objetivos propuestos al principio era el de ver los procesos teóricos mediante los cuales, a la luz siempre de los análisis propuestos por el modelo de gramática textual, se ponen en relación (se inducen o se deducen) las macroproposiciones semánticas con las unidades lineares de superficie.
El estudio de estos procesos encuentra sin duda su autor más cualificado en Janos Petöfi [28]. Su compleja y exhaustiva TeSWeST se basa, como es sabido, en un componente de gramática textual y en otro de semántica extensional; el primero estaría englobado en el más amplio componente cotextual y el segundo en el contextual. Sirvámonos del primero, aunque desdeñar el camino del análisis pragmático no quiere decir que podamos prescindir de la extensión, sino que limitamos el campo de aplicación. Recuérdese al respecto la afirmación del propio Petöfi sobre la «interpretación» como «una operación de la semántica del mundo que asigna a toda TextSeR (es decir, la representación intensional de un mundo textualizado a través de un texto) todas las representaciones extensionales (es decir, las bases del mundo -Welt- admisibles)» [29].
Es decir, que tanto las proposiciones de base como las de superficie son el resultado de una asignación de valores, predicados extensionales, a objetos o acciones textualizadas con su consiguiente modificación intensional. En cualquier caso, la TeSTWeST, susceptible de ser ampliada [30] o criticada desde presupuestos semánticos de «verdad», ofrece un esquema de indudable validez teórica, aunque de no tan fácil aplicación al análisis de un texto «largo» como el que nos ocupa; ello es debido a que su sistema de categorización (componentes teóricos, algoritmos operacionales) se «adapta» a unidades lingüísticas infrafrasales. Sí se puede afirmar, en cambio, que, a lo largo del presente análisis, he procedido según el esquema de interpretación/síntesis que atraviesa su teoría, pero no como dos líneas opuestas u opcionales, sino complementarias.
Las proposiciones semánticas de base señaladas en páginas anteriores son fruto de la «interpretación» a que he aludido más arriba, mientras que las proposiciones de superficie son el resultado de una «proyección» de aquéllas unidas al bloque de información del texto.
Este paso de unas estructuras a otras podría ilustrarse también a través del esquema de modelo de texto narrativo que propone Umberto Eco [31]. En él encontramos, en primer lugar, el conjunto de las estructuras ideológicas supuestamente en la base de cualquier proposición semántica, puesto que constituyen el código del autor, código en sentido amplio, es decir, su intención de significar y de emitir, de un modo u otro, juicios de valor. En el caso de Tormento lo constituiría la decisión del autor de provocar determinadas reacciones morales o sociales a través de los conflictos de los personajes por él creados.
En segundo lugar actúan las estructuras actanciales, es decir, un estadio todavía codificado en el que las proposiciones semánticas de base se pueden sistematizar en esquemas simples de relaciones como sujeto/objeto, emisor/ destinatario. Precisamente la relación sujeto/objeto aparece de forma manifiesta en la formulación de las proposiciones de base y, por lo tanto, es presumible la conveniencia de indicar la necesidad de atravesar este conjunto de estructuras y aún de explicitarlas de manera más extensa de lo que aquí se ha hecho. En tercer lugar, Eco habla de estructuras narrativas y, más concretamente, de «fábula», o sea, esquema fundamental de la narración, lógica de las acciones, curso temporal de los acontecimientos, etc. Es evidente que el paso por este estadio se refleja, de manera incompleta, naturalmente, en la explicitación de las proposiciones de superficie («historia de una decisión» y relativos predicados de «temor», «duda», etc.). Y en el plano más cercano a la manifestación linear del texto sitúa Eco las estructuras discursivas y la localización del tópico y de la isotopía textual. Está claro que es el nivel más inmediato de lectura y que, siempre con las manifestaciones señaladas, se concentra en las proposiciones de superficie. Ahora bien, Eco entiende por «tópico» un instrumento meta textual que orienta y sirve de guía para la actualización o selección por parte del lector de los elementos de la semiosis, de modo que pueda cumplirse la estrategia textual prevista; así pues, podemos identificarlo con lo que Petöfi llamaba «interpretación» y, por lo tanto, deducir que implica un elemento extensional que Eco no parece subrayar demasiado. Puede afirmarse, en definitiva, que existe un proceso de definición semántica, que atraviesa los estadios reseñados, en cuyos vértices se encuentran las dos series de proposiciones.
En conclusión, pese a lo somero del análisis por razones de espacio y pese a los problemas aún existentes, sobre todo de aplicación a textos «largos», creo que el modelo presentado por la gramática textual ofrece un esquema de análisis semántico, en esta ocasión casi estrictamente intensional, de apreciable eficacia cuando se aplica a un texto literario. Así ocurre con Tormento en el que, unido a una selección tagmémica de unidades de superficie, desvela sus proposiciones semánticas así como una decidida coherencia que le confiere la categoría de texto, en primer lugar, y, en fin, de texto literario.
[1] RAY S. JACKENDOFF, Semantics and cognition. Cambridge, Mass. MIT press. 1983.
[2] JOAQUÍN GARRIDO, «Procesos de interacción entre significado léxico y conocimiento general» en Lenguajes Naturales y Lenguajes Formales, Barcelona, Universitat de Barcelona, 1986.
[3] ANTONIO GARCÍA BERRIO y AGUSTÍN VERA LUJÁN, Fundamentos de Teoría Lingüística, Madrid, Alberto Corazón. 1977.
[4] EUGENIO COSERIU, Teoría del lenguaje y lingüística general. Madrid, Gredos, 1967.
[5] SIEGFRIED J. SCHMIDT, Teoría del texto. Madrid, Cátedra, 1978.
[6] Ibídem, p. 148.
[7] J. L. AUSTIN, How to do things with words. Londres: Oxford U.P. 1962. También Acciones y palabras, Buenos Aires, Paidos, 1971./p>
[8] TEUN A. van DIJK, Some Aspects of Text Grammar. La Haya, Mouton. 1972.
[9] Ibídem, p. 153.
[10] UMBERTO Eco, Lector in Fabula. Milano, Bompiani, 1979.
[11] WOLFGANG DRESSLER, Introduzione alla linguistica del texto. Roma, Officina Edizioni, 1974.
[12] KENNETH L. PIKE, «Tagmemics Discourse and Verbal Art» en Michigan Studies in Humanities. Art. Ed. Bailey, 1981.
[13] DOMENICO PARISI, Il linguaggio come processo cognitivo. Torino, Boringhieri, 1972.
[14] ANTONIO GARCÍA BERRIO Y AGUSTÍN VERA LUJÁN, op. cit., p. 172.
[15] TEUN A. van DIJK, Texto y contexto. Madrid, Cátedra, 1984, p. 200.
[16] JOHN LYONS, Introducción al lenguaje y a la lingüística. Barcelona, Teide, 1984.
[17] TEUN A. van DIJK, Texto y contexto; ANTONIO GARCÍA BERRIO, op. cit.
[18] TEUN A. van DIJK, Texto y contexto; UMBERTO ECO, Lector in fabula.
[19] NOAM CHOMSKY, Saggi linguistici. La grammatica generativa transformazionale. Torino, Boringhieri, 1970.
[20] UMBERTO ECO, Trattato di Semiotica generale. Milano, Bompiani, 1975; TEUN A. van DIJK, Texto y contexto.
[21] CÁNDIDO PÉREZ GALLEGO, «Teoría Semiótica. Lenguajes y textos hispánicos» en: Actas Congreso Int. sobre Semiótica e Hispanismo , Madrid, CSIC, 1983.
[22] WAYNE BOOTH, La retórica de la ficción . Madrid, Taurus, 1985.
[23] KENNETH L. PIKE, op. cit.
[24] CÁNDIDO PÉREZ GALLEGO, Sintaxis Social . Madrid, Fundamentos, 1977.
[25] BENITO PÉREZ GALDÓS, Tormento . Madrid, Alianza Editorial, 1968.
[26] TEUN A. van DIJK, Texto y contexto.
[27] TEUN A. van DIJK, Texto y contexto.
[28] JANOS PETÖFI, «Vers una théorie partielle du texte». En Paiere zur Textlinguistik, 9, Hamburgo, 1973.
[29] ANTONIO GARCÍA BERRIO, op. cit., p. 194.
[30] TOMÁS ALBADALEJO, «Estructura de sentido, representación textual semántico-intensional y tópico textual» en: Anales de la Universidad de Murcia . XLIII, 1984.
[31] UMBERTO ECO, Lector in Fabula.
